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viernes, 29 de junio de 2012

UNA CANCIÓN QUE ME MODELA...



Hay que ver qué enganche llevo en los últimos días a este grupo. Sobre todo a una canción: "To build a home", del disco "Ma Fleur". La sensibilidad de la voz, la sutileza de los pianos y la cuerda que van subiendo poco a poco, hasta llegar a un estribillo que me desgarra por dentro. Y no sólo de manera triste. Esta canción tiene la propiedad de poder llevarte muy dentro de ti mismo, hasta las entrañas, si tu cuerpo está de bajona... O de hacerte ver la belleza más absoluta de las cosas más insignificantes cuando te sientes bien.

Anoche fue curioso... Me puse al máximo los cascos y le di al Play a esta canción. Pasé por todos los estados posibles. La música me fue moldeando como a plastilina. Pero finalmente, caminando muy lentamente y disfrutando de la oscuridad de la noche y la quietud que conlleva la madrugada, la canción me abrigó con sus acordes lentos, mientras veía las hojas de los árboles mecerse a tiempo, en un compás binario... Miraba a mi alrededor y todo era hermoso. Las calles, los edificios, los balcones solitarios, los semáforos con su parpadeo, mi caminar, mi lentitud, mi búsqueda de mí mismo... Todo estaba en orden. Todo era como tenía que ser, con sus pequeños defectos pero con su inmensa belleza.

Como todo. Y puede ser que esta canción me arrastre en algún momento a explorar de nuevo mis entrañas... Ésta o cualquier otra. Pero mientras una canción pueda regalarme tanta belleza y sinceridad, todo merecerá la pena.

sábado, 3 de marzo de 2012

El piano para mí es...


Mi nuevo teclado.

Mi piano. Mi música. Mi mundo. Mi me mí conmigo.

La música es una de mis pasiones.

El violín y el piano.

Pero el piano ha tenido siempre ese punto catártico que me lleva enganchando desde hace años cada vez que necesito sacar algo de mi interior. Y funciona. Me siento al piano y lloro a través de mis dedos, derramando las lágrimas en distintas armonías y  dejando que mi voz se quiebre en melodías que juegan con tesituras imposibles. Enloquezco dejando que mis dedos vayan más rápidos que mi cabeza (o simplemente de forma independiente). Sangro las heridas sobre el piano y cuando todas las teclas tienen un color púrpura, cuando hasta las teclas negras pierden su color original por uno teñido con sombras de guerra, entonces comienzo a poder respirar.

Mirar por la ventana tocando. Mirar sin ver. Viéndome a mí mismo. Con ojos abiertos pero cerrados. Concentrado. Sintiendo lo que mi corazón ha transformado en música, en un grito afinado de socorro. En un lamento escrito en Re menor.

Y enonces abro los ojos, de verdad. Levanto las manos lentamente del piano y lo cierro con delicadeza, como si se tratase de un bebé herido. Realizo un ritual. Ahí quedará una parte de mí, un tumor extraído con las entrañas. Y mi piano, mientras yo descanso agotado, será el encargado de limpiarlo todo. Se alimentará del tumor y absorberá todo su jugo, para poderme dar en la siguiente terapia un tímbre y un color en las notas cada vez más apropiado y cercano al de mi corazón.